jueves, 24 de julio de 2014

En relación a mi entrevista en El País

Aprovechando que hoy he tenido más éxito que durante los siete años de existencia del blog, os recuerdo que, mientras ultimamos el último número, podéis leer aquí los cinco números de Revista Octopus.

De camino, no olvidéis que podéis leer mis aventuras en Madrid aquí. Y aquí mi portfolio con mis últimos trabajos.

Pronto me podréis ver en un reportaje en La Sexta Noticias y mañana por la mañana me han invitado a Las Mañanas de Cuatro.


¡Gracias a todos!

¡Ya tengo más de 60.000 visitas!

sábado, 31 de mayo de 2014

No me voy, me echan


A principios de este mes os anunciaba en mi otro blog que abandonaba Sevilla con Fon buscando #curroparaPablo en Madrid y Barcelona. Finalmente, no lo conseguí pero sí mi pareja y esta semana nos mudamos a la capital del reino. 

Nunca me planteé irme a Madrid. En mi recorrido vital Cádiz-Puertatierra-Cádiz-San Fernando-Algeciras-Sevilla-Algeciras-Sevilla, puede que ir desde la capital de la autonomía a la del país era el siguiente paso lógico. Sin embargo, me veía mucho más en Palencia, Plasencia,Valladolid o Montevideo antes que en la ciudad más grande -y con más oportunidades- de España.

Si os soy sincero no me apetece nada irme de Andalucía. No creo ser una persona especialmente etnocéntrica pero me gusta cómo se vive aquí. De hecho, si pudiera, volvería a mi ciudad natal y viviría felizmente en mi querido Cádiz. Sin embargo, las circunstancias de la vida y del empleo me hacen imposible no solo quedarme en Cádiz sino también en Sevilla, después de siete bonitos años junto al Guadalquivir.

Me apetece dejar claro que no nos vamos por gusto. Que nos vamos porque Andalucía nos impide sobrevivir. Porque tenemos que llenar nuestro estómago cada día. Porque ya no hay ni empleo precario. Porque sé que en Madrid también me espera precariedad pero el primer paso no puede ser otro que asegurar la supervivencia.

Llevo unos meses difíciles. Económicamente nunca había estado tan cerca del abismo.Conseguí algunos pequeños ingresos en la economía sumergida como modelo, fotógrafo y corrector. Emocionalmente encontré a Fon y se convirtió en el pilar que más me ayudaba a mantenerme cada día. Socialmente hubo luces y sombras que me darían para otro capítulo completo y para que tres hijos de puta se cagasen en mis muertos mientras que otra gente demostró el porqué hace más de diez años que pueden llamarse mis amigos. Empecé unas oposiciones hasta que me cambiaron el temario y la editorial decidió no hacerse cargo de las actualizaciones y vi que con las ponderaciones resultaba absolutamente imposible. Luego intenté actualizar mi inglés. Me surgió la esperanza de una EPES de la Junta. La información errónea que nos proporcionaron los técnicos del programa de la Fundación Pablo de Olavide me la quitó.

Mientras, dos relojes de arena corrían paralelos. Por una parte, los euros de mi cuenta bancaria iban desapareciendo. Por otra, iba llegando junio y mi piso tenía que quedarse vacío (y si las unes estaba la imposibilidad de firmar otro contrato y pagar otra fianza). Como siempre me pasa en situaciones extremas, mi capacidad del ahorro se hizo notar y he llegado a junio con una cuenta bancaria aceptable para empezar mi aventura madrileña.

Han sido meses duros. Meses en los que he intentado que no se notara. Porque siempre he podido con todo y no tiene porqué haber una excepción. Pero me voy. Y quiero decir que no me quiero ir. Que me gustaría tener la oportunidad de envejecer en las calles que me vieron nacer o en la ciudad donde empecé a desarrollarme como profesional. Que me haré a Madrid, como me hago a todo pero que esa no es la cuestión. Que nos formamos aquí para hacer a otros más ricos.

Cuando era adolescente lo hablaba con mis amigos. Como San Fernando siempre seguía igual -en el mal sentido- porque todo aquel que podía tener influencia para volverlo un lugar mejor, aquellos a quiénes admirábamos, tenían que irse para no volver.

Dicen que somos una generación pérdida pero lo que somos es una generación denostada, abandonada a su suerte por los que debían ser nuestros mentores para que no nos entrometamos en su búsqueda de la rentabilidad. Una rentabilidad que pesa más que la vida de sus hijos, vecinos, nietos y amigos. Un rentabilidad que es la tumba de una generación. De mi generación. Una rentabilidad que hace que mi máxima aspiración realista en Madrid sea ser cajero o dependiente en un restaurante de comida rápida.

Que mis únicas oportunidades de escribir las tenga en Octopus o en Desviados, pero no en nada que me permita comprarme un simple paquete de arroz en el Día.

Sevilla, Cádiz, os echaré de menos. Y también a muchos de los que las habitáis.

Os dejo con algunas de las cosas -y gente- que más echaré de menos.
















PD: Seguiré contando mis aventuras madrileñas en http://dalvenvainor.wordpress.com/

Suratlántico, Occidente, ¡te echaré tanto de menos!



jueves, 24 de abril de 2014

Lamento desesperado de un parado más


Me faltan unos días para cumplir los 25 años. Tengo una licenciatura, Periodismo, que me saqué en cinco años, becado y con una media excelente. Tengo un máster, Antropología: gestión de la diversidad cultural, el patrimonio y el desarrollo, que también me saqué en su momento y con una media aún mejor. Tengo formación complementaria en gestión de redes sociales y marketing digital. Tengo experiencia. Fui becario en la agencia de noticias más prestigiosa de habla hispana. Hice prácticas en el departamento de comunicación de una ONG con importantes proyectos de desarrollo en la República Democrática del Congo y Guatemala. Soy una persona proactiva. Monté mi propio programa de radio online semanal y ahora edito mi propia revista online mensual. Soy redactor en un portal LGTB. También he conseguido algún pequeño ingreso adicional siendo modelo y fotógrafo ocasional. Cuando puedo, también doy clases particulares. A la vez, intento prepararme inglés para conseguir un certificado si algún día tengo dinero suficiente para pagarme el examen.  Incluso tengo el carnet de manipulador de alimentos de alto riesgo. 
Me independicé al cumplir los 18. Sigo viviendo de los restos de mis becas al estudio y de mi antiguo sueldo de becario. Me quedan un par de meses para que mis reservas económicas desaparezcan. Después, no sé qué voy a hacer.

Me apunto a cada oferta de empleo que veo ya sea o no mi perfil profesional. Mando CVs a todas las empresas, revistas, ONGs, Fundaciones, publicaciones, etc, que puedo. Por supuesto, la mayor parte de ellas ni siquiera me responden para decir que no hay ninguna vacante disponible. No le hago ascos a ningún tipo de trabajo, excepto la prostitución. Todas las ofertas son o no remuneradas o exclusivas para estudiantes. 

No tengo tiempo. Solo salgo a la calle cuando me invitan. Intento compaginar cursos para aumentar mi formación, el estudio de inglés, la búsqueda de empleo, los pequeños trabajos ocasionales que me pueden surgir y que solo me sirven para pagar alguna factura pendiente, publicar al día mi revista, mis colaboraciones para el portal LGTB e incluso mi vida personal y social. La situación ya me ha costado algunas amistades no conscientes de la dificultad que supone compaginarlo todo cuando no se tiene la cartera de papá para ayudarte. Porque mi situación, por supuesto, es la de otros miles de españoles. 

Nos dicen que no podemos quejarnos. Que tenemos que mantener una actitud positiva. Que hagamos un vídeo bonito contando lo modernos y guays que somos e igual alguien lo verá y nos contratará. Que a nadie le importa que no tengamos tiempo, que además de todo lo dicho tengamos que cocinar, hacer la compra, limpiar nuestras casas, dormir, pagar las facturas que aumentan cada año. 

Nos dicen que emprendamos pero los que tienen no entienden que no se puede emprender si no tienes forma de realizar una inversión. Y que si tienes poco no puedes arriesgarte a perder tiempo de supervivencia cuando un 90% de las nuevas empresas no superan el primer año. No, si no tienes un colchón donde caer. 

A nadie le importa que ahora tengamos que pagar las medicinas, que el trabajo, la salud y la educación se está convirtiendo en patrimonio exclusivo de los ricos. Que nos están lanzando de cabeza a una nueva lucha de clases. Que la socialdemocracia está muriendo. 

Se nos dice que no podemos hacer nada, que nadie querrá contratar a nadie con una actitud negativa, pero no se nos dice que hacer con la frustración que provoca quedarte sin vida en vistas de un trabajo que nunca llega, siquiera en forma de entrevista de trabajo. Que por muy bien que fueras a desempeñar tu labor, por muchos cursos y especializaciones que hagas, por mucho inglés/chino/arapahoe que estudies, las alternativas siguen siendo dos: emigración o muerte. Y si no puedes pagarte la emigración ya sabes cuál es la única alternativa.

Ya que no nos van a contratar, al menos que no nos cercenen la voz. 

lunes, 17 de febrero de 2014

Dadá ha muerto

Si los dadaístas levantaran la cabeza simplemente no serían dadaístas. Estamos en la era de la pretenciosidad. Bajo la excusa de la posmodernidad, del relativismo cultural y la vanguardia nos hemos acostumbrado a comprar la nada como un todo. A construir nosotros cada texto, cada perfomance, cada película que se asoma desvergonzadamente ante nuestra atenta mirada. Hemos creído que en eso consiste ser intelectuales. Hemos confundido la meditación con la cultura. El pensamiento con la acción.
Los dadaístas nos mostraron como el arte solo era arte porque estaba etiquetado como tal. Como la civilización occidental había caído tan profundamente que convertía en objeto de mercado la crítica más feroz e, incluso, el absurdo.
Y en eso seguimos hoy. Y terminas creyéndote muy hipster porque vas a ver perfomances de personas de pie que no hacen nada, ante la multitud. Entonces determinas que hay que meditar sobre la soledad humana, la incomunicación, el capitalismo psicópata o la destrucción del Amazonas. 
Y, últimamente, cada vez que veo una película, abro un libro, contemplo un cuadro, una fotografía o una perfomance, algo que nos vende nada, mientras cientos de gilipollas aplauden aturdidos, termino pensando que sois todos unos gilipollas y que no quiero que me vendan más texto sin texto ni contexto. 
Que todo puede significar algo, por supuesto, que una foto mía de pie en un escenario contemplando el vacío puede ser una imagen de la egolatría, de la falsa necesidad de adoración, de la soledad, del dilema del árbol que cae en el bosque y nadie sabe si produce sonido. Pero, lo siento, es sólo una foto de mi espalda en un escenario vacío ante un terraplén. 
El valor de las cosas se construyen bajo estándares culturales pero no os equivoquéis. Hacer el ridículo no os hace crecer. Sentaos en un parque, reflexionar sobre la paloma que se posa sobre la rama del álamo, sobre el ejecutivo que corre, sobre la madre quinceañera que whatssappea mientras su hijo se columpia, sobre el anuncio que hay sobre aquel edificio, en definitiva, sobre lo que queráis. Veréis que al final sigue siendo lo mismo. Construid vuestro texto. Es gratis. Desmontad el absurdo. Devolved a Dadá a su lugar. 

sábado, 15 de febrero de 2014

Sobre mis enemigos

A lo tonto hace ya cuatro meses que no me paso por aquí. No hago nada y, sin embargo, apenas tengo tiempo libre para escribir sobre mí. Escribir sigo escribiendo, pero quizá menos egocentricamente. Si echáis de menos mis palabras podéis leerme en Desviados y, por supuesto, en la nueva revista que estoy editando, Octopus, aquí su primer número. Tras la radio y el reality, acabé siendo también modelo para una marca de camisetas y es que el paro me está volviendo más multidisciplinar que nunca. ¡Hasta me he sacado el carnet de manipulador de alimentos! 
Pese a todo, el fantasma de la indigencia sigue rondando y apareciendo en mis pesadillas. El dinero se acaba y las oportunidades de supervivencia siguen ausentes. Por otro lado, mi relación va mejor de lo que nunca me hubiese imaginado y permite que -en bastantes ocasiones- pueda cerrar a los ojos a la desagradable realidad. 
Tras este breve resumen, y después de la autopromoción -quién sino yo me haría publicidad- voy a pasar a hablar del tema que llevaba días pensando para esta entrada, desde que me mandé un extracto a mí mismo a mi propio correo electrónico desde mi móvil en una de esas noches de insomnio. 
Y es que no solo nos definen nuestros amigos -Dime con quién andas y te diré quién eres- sino nuestros enemigos. 
De hecho, puedo decir que he tenido bastantes enemigos en mi vida.En la mayor parte de ella, siempre recuerdo a una o dos personas que encajan en esa categoría. En la actualidad, curiosamente, han dejado de existir, supongo que porque al no tener obligaciones laborales o académicas no tengo porque relacionarme con nadie que me resulte desagradable, lo cuál me supone un agradecido y merecido descanso.
Una vez, contándole mi enésima pelea con la que bauticé como mi peor enemiga de todos los tiempos a uno de mis primos, él me diría que si no me había planteado que tal vez el problema fuera mío y por eso solía tener siempre esos enemigos. Como siempre me pasa cuando alguien me ataca -justificadamente o no- pensé que le estaba exponiendo motivos absolutamente objetivos, pero luego siempre me quedo pensando si la crítica puede tener algo de razón. What is wrong with you, Paul? (También estoy intentando aprender inglés por fin), me pregunto. 
Durante diez años recordé siempre esas palabras de mi primo sevillano. Cada vez que aparecía algún nuevo enemigo me paraba a pensar si mis motivos estaban suficientemente justificados. Siempre pensaba que sí, claro. Pero siempre, en un regusto amargo, quedaba la posibilidad de que me estuviera equivocando, de que todo fuera culpa mía. Solía defenderme diciendo que como conocía y me llevaba bien con mucha gente, era normal que también hubiera gente que me caía mal.
Sin embargo, fue mi ex novio, hace un año o dos, el que acabó respondiendo satisfactoriamente el acertijo. O al menos de forma satisfactoria para mí. Un día, hablando con alguien -yo estaba delante- sobre mí, decía que mi problema radicaba en que tenía muy claro cuál era mi posición y no me gustaba que nadie intentara moverme de la misma. En general, yo no intentaba influir pero siempre esperaba que se respetara mi espacio y mis normas. Cuando alguien intentaba traspasarlas y manipularme a mí o a los demás para que cumplieran su voluntad yo me rebelaba. Me gustó esa explicación y me pareció certera, así que dejé de culparme a mí mismo y empecé a culpar a esas personas que no saben respetar los espacios ajenos. 

P.D: Mientras escribía esta entrada me ha pasado algo realmente surrealista. Me han llamado de un número oculto (Eran alrededor de las 01:45 AM). Lo he cogido pensando que se trataría de alguna broma de algún amigo de fiesta. He dicho ¿Sí? Me ha respondido una voz ligeramente familiar: ¿Pablo? ¿Estás dormido? [Claro, y te he cogido el teléfono en sueños] He dicho: No. Me ha colgado. A los pocos minutos me ha vuelto a llamar: ¿Sí? ¿Quién eres? He preguntado. No te lo puedo decir, me ha respondido. ¿Qué quieres? he vuelto a preguntar. Hablar contigo, ha respondido. Y como si hablar significase otra cosa, me ha colgado. He tuiteado rápidamente lo ocurrido y se lo he contado a mi pareja por Whatsaap por si mañana aparezco asesinado por un stalker que quería charlar de madrugada pero no sabía utilizar su teléfono. Buenas noches. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Y ahora estás tú

Hace varios meses que no escribo. También hace varios que dejé de sentirme solo. Hace varios meses que veinticuatro horas en un día me parecen pocas, que duermo menos que nunca y me despierto con más ganas de que empiece el nuevo día.
Mi vida está siguiendo la senda que me había marcado antes de todo. Tras el máster vuelvo a las oposiciones y me siento feliz de volver a seguir el que decidí hace mucho que sería mi camino. Me he cambiado de casa. He vuelto a Gran Plaza, dónde pasé el mejor de mis años en Sevilla, el que acabó siendo el germen de todo lo que tengo ahora.
Por el camino, mientras reconstruíamos nuestros pedazos, mientras buscábamos la forma de seguir hacia delante, de no mirar atrás, de dejar el horizonte en nuestra espalda, aparecimos. Y no nos dimos cuenta. Quizá yo fui consciente un poco antes, pero también me aterraba que los errores del pasado pudieran repetirse, que me hubiese construido para volver a romperme. Pero con cada atisbo de lo que podías suponer, del valor diferencial, fui centrándome en hacerte ver que nuestras historias no tendrían que repetirse. Que podíamos lograr conseguir lo que queríamos.
Y así, mientras me olvidaba de estas páginas, poco a poco, paso a paso, y muy, muy lentamente, nuestra historia comenzaba. Con cuidado, porque temíamos no poder reconstruirnos otra vez. Sin embargo, por primera vez en este aspecto de mi vida podría ver la progresión, y siempre el mañana era mejor que el ayer, y cada cima conquistada nunca la volvimos a perder.
Nunca pensé en escribir sobre ti tan abiertamente porque te conozco muy bien. Sé que te abruma ser el protagonista, que prefieres ser el que hace que todo funcione, pero ayer entraste en estas páginas y leíste historias del pasado y me dijiste que realmente te gustaría estar aquí, reflejado, como todo lo que es importante en mi vida.
Y tú lo eres.Tú has aparecido para dármelo todo. Y yo lo he tomado. Por primera vez no hay peros, no hay contextos o circunstancias especiales. Por primera vez siento que no tengo que ceder en nada. Que, a tu vera, puedo tener todo lo que siempre esperé de una relación. Que cada mañana es mágica, cada tarde irrepetible, que una cama de 80 puede hacerse grande cuando no siento tu roce, que me has devuelto cosas que temía, estúpidamente, no volver a disfrutar.
Que te hago grande, que me necesitas, que soy realmente especial, que no sabría qué hacer sin ti. Que me motivas. Que todo lo que diga acabará siendo poco, que me apetece salir a mi patio de vecinos a gritar que estoy enamorado. Que te quiero.
Que eres precioso. Que no quiero dejar nunca de ver tu imagen en mi pupila.

sábado, 31 de agosto de 2013

Pasadizos secretos

Hoy os confesaré una de las cosas que más me gustan en el mundo: los pasadizos secretos. Me fascinan. De pequeño flipaba con las historias que contaban los mayores de Cádiz sobre las cuevas de Mari Moco, que el Ayuntamiento cerró antes de que yo naciera. Cuando le pedía un cuento a mi madre siempre le decía: "mamá, cuéntame un cuento de pasadizos secretos". Realmente los detalles me daban igual, solo me quedaba tranquilo cuando en la historia aparecía uno de esos conductos que pueden llevar a cualquier parte, conductos que nadie conoce o que todos conocen sin que ellos mismos lo sepan. 
Ahora, que ya no soy tan pequeño, igualmente siento una atracción irracional ante cualquier historia ficticia o real relacionada con uno de esos polivalentes y estrechos espacios. Así, creo que las novelas de Juego de Tronos me habrían enganchado mucho menos sin los pasadizos que usa Varys en la Fortaleza Roja, o nunca hubiera visto la serie de El Internado, sin aquel pasadizo que salía de la chimenea de la biblioteca. Cómo con las películas y series sobre casas encantadas -incluso me tragué entera y gustosamente Hay alguien ahí- cualquier escritor o guionista que decida incluir un pasadizo oculto me habrá conquistado,  independientemente de la calidad del producto. 
Es curioso cuanto menos la irracional atracción que sentimos hacia este tipo de cosas y la verdad es que no se me ocurre ninguna razón racional o irracional para explicarlo. Y, diréis, ¿para qué os cuento eso? Y, diré, pues para que me contéis cuentos de pasadizos secretos, para que cada vez que veáis una peli o una serie o leáis un libro o escuchéis una canción o miréis un cuadro donde aparece alguno de esos lugares tan estrambóticos corráis a decirme Pablo, tienes que ver esto, y yo, de paso, pueda ser muy muy feliz. Gracias. 

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