Retomo mi etiqueta de Esoterismo en este 2012 para comentaros mi experiencia de anoche. Me acosté relativamente tarde, a eso de las 2, y no tardé en quedarme dormido. Recuerdo que soñé que estaba en el patio de la iglesia gaditana de San Vicente de Paúl, con Irene mi compañera de las prácticas y háblabamos de que habíamos olvidado avisar a Ana, otra compañera de trabajo, porque pensábamos que estaba en su pueblo jienense pero no, se encontraba allí. Pasaba algo, pero no recuerdo qué. Lo que pasó hizo que quisiera despertar. Cómo he comentado alguna vez, últimamente he logrado cierto dominio de mi mundo onírico y cuando las cosas se ponen suficientemente feas logro despertar sólo con proponérmelo. Esta era una de estas ocasiones. Era un sueño bastante profundo así que me costó despertar. Pareció que lo conseguí en ese limbo que retraté en mi entrada Despertar en cualquier parte. Tenía que abrir los ojos. Me costó trabajo pero lo logré. Miré a todas partes y me sorprendió encontrarme en mi último cuarto, es decir, el actual. Por eso de despertar en cualquier parte.
Sin embargo, había algo que no cuadraba y no lograba descubrirlo. Decidí mirar el reloj, conseguí, no sin esfuerzo, levantar el brazo y darle al botón de la luz. Estaba encendido. Pero dentro del reloj no había nada, ninguna hora que reflejase. Entonces fue cuando me di cuenta que estaba en aquel lugar de despertar en cualquier parte, el lugar al que voy cuando mi cerebro se despierta antes que mi cuerpo. Así que intenté despertar otra vez.
Creo que ha sido la vez que más me ha costado. Por momentos parecía que no lo iba a conseguir. Me concentré lo más que pude y con esa cabezonería tan típica mía dije que iba a despertarme por mis cojones. Lo hice. Tenía las piernas y los brazos cruzados. Estaba boca arriba. Volvía a ser mi último cuarto, pero había diferencias respecto al cuarto de mi limbo onírico. En mi limbo, descubrí, mi espejo estaba más a la derecha, junto a la ventana, donde tengo situado mi corcho. Faltaban muebles, mi gran escritorio, el colchón de repuesto, mi estantería... todo lo que no estaba en la casa. También la habitación era o parecía un poco más pequeña, menos cuadrada y más rectangular. Tenía la vista nublada y las extremidades entumecidas. Lo primero que hice fue mirar el reloj pensando que no sean las 3:33, por Dios. Miré, y no, no eran las 3:33, eran las 3:34. Me acojoné levemente.
Ya sabéis, las 3:33 es algo así como la hora mágica real, la hora en la que se producen más abduciones, extraños avistamientos y encuentros con entes malignos, demonios y extraterrestres durante el sueño, como muchas películas se han encargado de popularizar, veáse por ejemplo Paranormal Activity, La Cuarta Fase, El exorcismo de Emily Rose, etc.
La cuestión es que últimamente algunos amigos han tenido encuentros con aquella sombra de la que hablé en Sobre risas, sueños, sombras y otros aspectos espeluznantes y, todos, incluido yo mismo estamos un poco más susceptibles.
Decidí escribir algo del sueño para no olvidarlo y poder publicarlo en el blog por la mañana, que es algo así como mi diario de sueños raros. Sin embargo, no podía levantarme. Quizá no lo sepáis pero soy de esas personas que no remolonean nada en la cama. Me suena el despertador, y no importa lo profundo que esté durmiendo, que me levanto automáticamente. Es algo que me resulta fácil y no me cuesta trabajo.
En fin, me concentré en recobrar la visión y recordar todo lo posible. Poco a poco fui viendo la nueva decoración de mi cuarto, repleto de fotos y postales de mis viajes por Europa para soñar con sitios bonitos que había puesto entre antes de ayer y ayer. Fue lo primero que recordé que no estaba en el cuarto de mi limbo onírico. Intenté ver si dislumbraba alguna clase de sombra, y que hubiese estado intentado comer mi energía, como se suponen que hacen y por eso no podía despertar. No la vi.
También me di cuenta que estaba boca arriba. No sé si lo sabéis pero los viajes astrales, y tengo la teoría de que mi limbo onírico es algo así como el vestíbulo de entrada tras un viaje astral onírico, sólo -o al menos la mayoría de las personas- pueden hacerlo cuando están boca arriba, y si te pasa muy a menudo quizá alguna vez de lado, nunca boca abajo.
Recuerdo partes del sueño y recuerdo un detalle importante. El patio interior de la Iglesia de San Vicente de Paúl de Cádiz, donde mis padres entraron en el Camino Neocatecumenal y que en mi mundo onírico simboliza algo así como el comienzo de una experiencia con ayahuasca. La última vez que soñé con ese patio fue la única vez que he soñado con uno de mis futuros probables.
Me di cuenta también que tenía un folio en el escritorio y un boli, que extrañamente había puesto allí el día anterior sin ninguna razón, así que ni siquiera tendría que salir del cuarto para buscar folios donde escribir mi experiencia. También me di cuenta que de desearlo podría quedarme dormido con solo cerrar los ojos pero temía no recordar los detalles al despertar por la mañana y me daba algo de miedo el asunto de la hora. Así que, otra vez, con mucha concentración, conseguí levantarme. Miré el reloj: 3:43. Nada más y nada menos que nueve minutos intentando levantarme. Escribí los detalles. Volví a acostarme.
Intenté dormir hacia un lado para prevenir otro posible viaje, abducción, encuentro o lo que fuese. Mi cuerpo quería dormir boca arriba. Lo intenté hacia el otro lado. Después boca abajo. Finalmente, sin darme cuenta, me acosté boca arriba y así me he despertado. Y con un folio en el escritorio contando todo esto.
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