viernes 6 de enero de 2012

De reyes magos que no llegan


Hace unos días comentaba en mi anterior entrada que quizá el momento cuando no tomaba las uvas, mientras el resto de personas españolas la tomaban (o algún sucedáneo) era cuando me sentía más a contracorriente. En realidad, creo que ocurre hoy; al despertar por la mañana y no tener ningún regalo que abrir, y sobre todo, ninguna cara de sorpresa al ver tu regalo. Quizá, en esa constante lucha mía por ser lo más consecuente posible con mis ideas, sea una de las cosas que más me cuesta.
Pese a que descubrí quienes eran los Reyes Magos con cuatro añitos, como conté en esta entrada, siempre me hizo especial ilusión. Siempre fue el día que me despertaba más temprano del año, a eso de las seis, cuando ya me permitían levantarme. Mientras las horas pasaban interminables. El haberlo descubierto tan temprano también ayudó a que desde ese momento yo también regalará a mi hermano mayor (aún quedaban varios años para que nacieran los pequeños) a mis abuelas y mis padres.
Buscarles un regalo adecuado, con el escaso dinero que me daban mis padres para la ocasión, y que mi padre no descubriera el regalo que le había comprado con mi madre y viceversa se convertían en mi ocupación favorita de las fiestas navideñas. Descubrir que había acertado era un premio muchas veces mayor que mis regalos.
Recuerdo un año, en el que eramos bastante pequeños, que nos decoraron los sacos de regalos con muchos globos. Mi hermano mayor y yo nos pasamos el día jugando con los globos. Mis padres, preocupados, nos preguntaron si no nos habían gustado los regalos. Respondimos que sí, pero que queríamos aprovechar los globos porque se echaban a perder antes que los regalos. Quizá fue la primera vez en mi vida que me enfrenté a la concepción socio-económica del valor de las cosas, porque a mí, con mis cuatro o cinco años, y a mi hermano, con sus nueve o diez, nos parecían más valiosos -y puede que divertidos- unos globos de cinco pesetas que se iban a gastar o explotar en unas horas que aquel patrimonio que mantendríamos durante el año. Y parece ser que no lo era.
Pero, anécdotas aparte, cuando me fui de casa mi pareja y yo decidimos no regalarnos nada en esta fecha. Las razones eran simples, si no creíamos siquiera en la figura histórica de Jesucristo, no tenía sentido conmemorar su nacimiento, y no dejábamos de darnos cuenta que se trataba en definitiva de incentivar el consumo a gran escala y este sistema insostenible. Así que igual que no celebrábamos San Valentín tampoco celebraríamos los Reyes y nos haríamos regalos cuando nos apeteciera, pero desde luego no cuando el mercado nos lo impusiera.
Decidimos que había regalos que había que hacer, a familiares demasiado mayores o pequeños para comprender nuestra concepción del día. Además, quedaba la extraña situación de que ellos te los hacían a ti y pareciera que no quisieras corresponder. Entre una cosa y otra, al final, casi siempre acabábamos regalando a todos, yo salvo a mi madre durante los años en que no me dirigió la palabra, los que solíamos regalar.
Este año, en el que creo que mis hermanos pequeños son suficientemente mayores, sólo regalaré algo a mis abuelas, un marco con mi foto de graduación para que las unan a esa colección de fotos que tanto le gustan. Así que hoy, como en los últimos cinco reyes, me despierto en casa solo y sin nada en el salón. Y enciendo el ordenador y leo a mis amigos y conocidos contando los miles de regalos que le han traído. Y hace que me sienta diferente, a contracorriente, por haber decidido no querer esos regalos y no participar en la medida de lo posible en la vorágine navideña del capitalismo.
Y quiero señalar que no intento ser dogmático ni moralista, que regalar cosas a personas queridas está muy bien, sólo que a mi no me apetece participar, aunque podría hacer un trabajo manual, un dibujo, una historia o un poema que no simbolizara consumismo -aunque seguiría (por la fecha) significando religión-. Y así, he pasado de, como contaba en esta entrada, llevar el engaño de los Reyes Magos hasta el límite y ser un firme partidario de ella, a todo lo contrario. Y creo que esa evolución, que aún debe manifestarse en muchos otros aspectos, me llevan a mi amado terreno del ser consecuente y me hacen mantener el mayor equilibrio posible entre lo que pienso y lo que hago. Pero, tal vez como precio, hacen que me sienta diferente, que no sea partícipe de las cosas -vistas socialmente como positivas- de nuestra cultura. Y así, cada 6 de enero de los últimos cinco años, me despierto al menos a las diez de la mañana, lo que suponen cuatro horas más tarde de la costumbre, y mi salón vacío me recuerda que estoy construyendo mi destino.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mmm buena base de pensamiento. Eres consecuente con lo que crees y tienes muy claro tus principios; te aplaudo y admiro por ello pero si algo debes saber es que ya en la sociedad actual los supuesto valores cristianos adheridos a estas fiestas han sido desvirtuados y en su caso olvidados, por lo que aunque entendiento por mi parte tu repulsión hacia la Iglesia y el cristianismo (y en su defecto a las religiones en sí) por la historia con tus padres que aunque cristianos y del camino no han sabido actuar según lo que predica el mismo, con amor; pues tengo que decir que a pesar de todo es un poco triste el no levantarte este día con algún tipo de ilusión por ver que tu pareja te ha dejado algún regalito o alguien de tu familia se ha acordado de ti a pesar de todo lo mal que os hayais llevado ya sea manualmente hecho o un regalo a modo detalle (para salir del podrido consumismo que nos esclaviza) que te haga tener esa ilusión de niño de tener ganas de que llegue el dia siguiente para ver que es. El valor de eso es incalculable y yo al menos en tu situación creo que hasta me conmovería por eso creo que deberías reconsiderar el rehacer (cristianamente o no) el día este que es hoy, 6 de enero así como otros porque la navidad, amigo mío, seas cristiano o no es un tiempo de añoranzas y por decirlo de alguna forma, dejar de lado cabezonerías y rencores y "ablandarte". Porque tanto tu como yo sabemos que pagaríamos millones por volver a sentir esa ilusión de niños y disfrutar de ese día en la estricta familia dejando de lado peleas y demás (que no eres el único que las tiene y que yo que vuelvo a casa por navidad intento dejar de lado dia a dia). Por lo demás espero que hayas pasado unos buenos dias de vacaciones. No nos conocemos pero te dejo este comentario que posiblemente no sea de tu agrado pero quiero que sepas que al menos te dejo como regalo en el día de hoy un abrazo (que siempre sientan bien) y un deseo de que ojalá pronto algún dia mejore todo con tu familia, que sentaría muy bien aunque fuese una llamadita para ver que están bien echando el día. :)

Anónimo dijo...

En general, el primer comentario está normalito, pero hijo, estás comido por la cultura impuesta... "porque la navidad, amigo mío, seas cristiano o no es un tiempo de añoranzas". La Navidad no es tiempo de añoranzas, sino de consumo", no se te olvide por favor.

Anónimo dijo...

No se me olvida; también es tiempo de consumo está claro, porque el mercado ha sabido apoderarse de la misma, pero consumiendo o no es el tiempo de poner paz donde antes había guerra para el acercamiento familiar. La navidad suele ser el tiempo en el que a veces somos un poco mas humanitarios y "blandos", saca la parte más humana de nosotros aunque no queramos verlo. Que sí, que es un tiempo de puro consumismo también (aunque el consumismo es el día a día de la sociedad actual) pero por eso soy partidario de los pequeños detallitos y regalitos currados y/o manuales, son los más sencillos y los que más te hacen recordar a la persona que te los regaló. ¿Qué estoy comido por la cultura impuesta?, pues puede que un poco.. aún tengo que madrurar mucho y darme cuenta de muchas cosas, pero realmente lo que yo quería era animar un poco el día de reyes haciendo memoria de esos años en los que éramos niños y casi ni dormíamos por levantarnos temprano a ver los regalos que nuestros seres queridos nos dejaban a modo de "reyes magos" e intentar que se diese un poco de acercamiento familiar, ya que la navidad es el tiempo en el que más se pasa en familia así que perdón de antemano por mis errores y mi ignorancia en ciertos puntos así como por estar comido por la cultura impuesta.

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